¡LA GUERRA!
¡LA
GUERRA!
Por: Eduardo del Aguila Horna
Publicado en la Revista Vivir
Bien, marzo 2026
La guerra palabra que entraña
miedo, temor, desgracia, violencia, exterminio atómico y una gran variedad de
significados; fue el móvil que emplearon los Estados en el proceso de su
formación, los límites territoriales se establecieron como parte final de una
acción violenta y como parte de llegar a la situación de paz. Hasta hace unos
días los Estados en su gran mayoría asumían un comportamiento más civilizado,
acudiendo a tribunales internacionales y a organismos creados por el hombre
para mantener un orden mundial. Los futurólogos consideraban que la guerra
estaría dimensionada en el ámbito de la supervivencia o tal vez de la guerra
galáctica.
El 03 de enero del presente
año, Estados Unidos de Norteamérica realizo una operación militar en términos
médicos quirúrgica, ingresando a Venezuela en forma sorpresiva y rápida
logrando su objetivo al capturar a su presidente Nicolas Maduro y llevándolo al
Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn en Nueva York. Luego de esta
operación relámpago, los EE. UU. ejerce su poder a través de la Vicepresidenta
Delcy Rodríguez que asumió la presidencia de Venezuela.
En otro escenario del mundo
Estados Unidos de Norteamérica e Israel el 28 de febrero del presente año atacaron
también en operaciones quirúrgicas objetivos en la República Islámica de Irán,
para destruir su capacidad militar y de misiles para evitar que Irán tenga
armas nucleares. Estos dos hechos bélicos que están sucediendo nos permite
observar que en la guerra están participando otros factores que la hacen más
sorpresiva, rápida y selectiva con una gran inteligencia para la destrucción de
los objetivos seleccionados.
La guerra ha cambiado más en
los últimos años que en muchos siglos anteriores. El punto central es que la
violencia organizada dejó de ser principalmente interestatal y convencional, y
pasó a un ecosistema híbrido donde actores no estatales, tecnología digital,
drones, ciberataques y guerras por delegación redefinen el campo de batalla. Se
puede tener una visión estructurada que conecta tendencias, hitos y
consecuencias.
Guerras entre Estados a
conflictos internos y transnacionales
Desde los años 70, la mayoría
de los conflictos dejaron de ser guerras clásicas entre países y se
transformaron en conflictos intraestatales, insurgencias y guerras civiles
prolongadas.
En Colombia, por ejemplo, la
guerra interna se extiende desde 1958 con guerrillas y paramilitares,
acumulando cientos de miles de muertos.
En Myanmar (antigua Birmania),
la represión militar desde 2021 ha dejado más de 37.000 muertos.
El 07 de octubre del 2023
Israel fue atacado por el grupo islamista palestino Hamas, ocasionando que
Israel realizara una ofensiva militar que según Amnistía Internacional y otros
organismos reúne los elementos del crimen de genocidio contra la población
palestina de Gaza causando la muerte de aproximadamente setenta mil palestinos
y dos mil israelíes, además de una destrucción generalizada y una crisis
humanitaria en la Franja de Gaza.
Este patrón se repite en África, Medio Oriente y Asia:
guerras fragmentadas, con múltiples actores armados y agendas locales, étnicas
o religiosas.
Se puede encontrar como características de la
Guerra lo siguiente:
La revolución tecnológica: de
la guerra industrial a la guerra digital
En cinco décadas, la
tecnología transformó la forma de combatir: Drones y sistemas autónomos:
permiten ataques precisos, vigilancia permanente y operaciones sin exponer
tropas; Ciberataques: hoy pueden paralizar infraestructuras críticas sin
disparar un arma; Satélites y GPS: convierten la información en un arma
estratégica; Inteligencia artificial: acelera decisiones, análisis de
datos y selección de objetivos. Estas innovaciones han reducido la importancia
del número de soldados y aumentado el peso de la superioridad tecnológica.
La guerra híbrida: cuando todo
es un campo de batalla. La frontera entre guerra y paz se volvió
difusa. La guerra híbrida combina: Fuerzas regulares y milicias irregulares, propaganda
digital y desinformación, ataques económicos y energéticos, operaciones
encubiertas y mercenarios. Rusia en Ucrania y múltiples actores en Medio
Oriente han usado este enfoque para evitar declarar guerras formales, para
lograr efectos estratégicos.
El retorno de las guerras de
alta intensidad. Aunque predominan los conflictos internos, los
últimos años mostraron un resurgimiento de guerras convencionales: La invasión
rusa a Ucrania (2022–2026) reintrodujo combates masivos, artillería pesada y
desgaste industrial. La guerra entre Israel y Hamás en Gaza reactivó
operaciones urbanas de gran escala. Ambas guerras han generado más de 320.000
muertos entre 2022 y 2023.
La globalización del conflicto: guerras por
delegación
Potencias como EE. UU., Rusia,
China e Irán participan indirectamente financiando, armando o entrenando a
actores locales. Yemen es un ejemplo claro: Rebeldes hutíes apoyados por Irán.
Bombardeos de EE. UU. y Reino Unido en 2023, con más de 3.217 muertes ese año.
Esto convierte conflictos locales en piezas de un tablero geopolítico global.
La evolución conceptual: de la
1.ª a la 7.ª generación de la guerra nos permite entender el
cambio histórico: 1.ª: Generación: líneas de infantería y caballería en
campos abiertos. 2.ª y 3.ª: Guerra industrial, artillería, maniobra. 4.ª:
Insurgencias, terrorismo, actores no estatales. 5.ª y 6.ª: Guerra
informacional, ciberespacio, manipulación psicológica. 7.ª: Automatización,
IA, sistemas autónomos y guerra multidominio. En los últimos 50 años hemos
transitado de la 4.ª a la 7.ª generación.
El impacto humano: guerras más
largas, más fragmentadas e invisibles
Aunque algunas guerras son
menos visibles mediáticamente, siguen siendo letales. La lista de conflictos
activos muestra que muchos superan las 10.000 muertes anuales, especialmente en
África y Medio Oriente.
Las guerras actuales tienden
a: durar más, involucrar a civiles como objetivo, generar desplazamientos
masivos y destruir Estados y crear vacíos de poder.
¿Qué significa todo esto para
el futuro?
La guerra se ha vuelto más compleja, más tecnológica y
difusa. Los próximos años probablemente verán: mayor uso de IA autónoma;
conflictos por agua, clima y recursos militarización del espacio; expansión de
la guerra informacional.
La tecnología militar en las
últimas décadas ha experimentado una transformación profunda
en los últimos 50 años, marcada por la digitalización, la automatización y la
integración de sistemas inteligentes. El cambio central es que la superioridad
militar ya no depende del tamaño del ejército, sino de la capacidad
tecnológica, informacional y cibernética.
La evolución de los sistemas
de vigilancia y sigilo están determinados por los
avances en tecnología furtiva (stealth) redefinieron la aviación militar.
Aeronaves como el SR‑71 y
el F‑117A Nighthawk introdujeron
formas y materiales que reducen la localización del radar, permitiendo penetrar
defensas aéreas densas. Estos desarrollos influyeron en generaciones
posteriores como el F‑35, el
B‑2 y el Chengdu J‑20 chino, consolidando el
sigilo como un pilar estratégico.
La Automatización, robótica y
drones se puede observar en: el uso de vehículos aéreos no
tripulados (UAV) se expandió desde los años 90 hasta convertirse en un elemento
central de la guerra moderna. Los drones permiten vigilancia continua, ataques
de precisión y operaciones sin riesgo directo para el personal. Las fuerzas
militares también han avanzado en robots terrestres, sensores autónomos y
sistemas de apoyo logístico automatizados, con crecimiento proyectado en estas
áreas.
Ciberseguridad y guerra
digital. La guerra
ya no se libra solo en tierra, mar y aire: el ciberespacio es hoy un dominio
estratégico. Los ejércitos desarrollan capacidades para: Atacar
infraestructuras críticas. Interferir comunicaciones. Robar información
sensible. Neutralizar sistemas enemigos. La ciberseguridad se ha convertido
en un área prioritaria, con inversiones crecientes y doctrinas específicas.
Las Innovaciones en armamento
y vehículos se pueden observar en: Armas de precisión guiadas por
GPS y láser. Misiles hipersónicos en desarrollo por EE. UU., Rusia y China.
Vehículos blindados con sensores avanzados y sistemas activos de protección.
Aeronaves de combate con mayor autonomía y capacidades multirrol.
Las áreas más desarrolladas
globalmente son vehículos, armas de corto y largo alcance y sistemas de defensa,
así como: Comunicaciones, sensores y sistemas integrados. La
integración de sensores, satélites y redes seguras permite una conciencia
situacional en tiempo real, lo que transforma la toma de decisiones. Las
fuerzas armadas emplean: radares multifunción, sistemas electro‑ópticos, comunicaciones
encriptadas, redes de mando y control basadas en datos. Estas tecnologías
permiten operaciones coordinadas en múltiples dominios.
La tecnología militar se nutre
de múltiples disciplinas: ingeniería mecánica, eléctrica,
aeroespacial, materiales, química y mecatrónica. La investigación militar
impulsa innovaciones que luego se trasladan al ámbito civil, y viceversa.
Las tendencias para las
próximas décadas apuntan hacia: IA militar para análisis,
selección de objetivos y autonomía parcial, Sistemas no tripulados en enjambre,
Armas de energía dirigida (láseres, microondas), Militarización del espacio,
Integración total de datos para operaciones multidominio. Estas tendencias
consolidan un modelo de guerra más rápido, más automatizado y dependiente de la
información.
Referencias Bibliográfica:
(1) Kaldor
M (2012). Guerras nuevas y viejas: violencia organizada en una era global.
Tercera edición.
(2) Freedman,
L. (2017). El futuro de la guerra: una historia. Penguin Books.
(3) Rid,
T. (2020). Medidas activas: La historia secreta de la desinformación y la
guerra política. Farrar, Straus and Giroux.
(4) O’Hanlon,
M. (2018). El futuro de la guerra terrestre. Brookings Institution Press.
(5) Payne,
K. (2021). Yo, robot de guerra: El amanecer del conflicto con inteligencia
artificial. Hurst Publishers.
Comentarios
Publicar un comentario