CUENTO: EL NIÑO MAÑOSO Y LOS RINCONES DE MI COLEGIO

 

CUENTO: EL NIÑO MAÑOSO Y LOS RINCONES DE MI COLEGIO

Por: Eduardo del Aguila Horna

Publicado en la Revista Vivir Bien, 2023

Sentado en el ómnibus, varias horas después de nuestra partida de Lima hacia la calurosa Piura, por la serpenteante carretera Panamericana con sus dunas sobresaliendo sobre el pavimento y el cielo gris encapotado, era el escenario de mi aburrimiento. De pronto el vehículo se detiene: la carretera estaba cortada por el desborde del rio La leche; ¡que leche!, podría habernos arrastrado pensé.

El niño mañoso había hecho su travesura al calentar las aguas del mar norteño causando torrenciales lluvias y cargando el caudal de los ríos de la costa. Las horas pasaban y los pasajeros daban vueltas sobre sus propios asientos, alguien tenía que liderar en estos momentos difíciles; me acorde de mi jefe de sección del Colegio Militar Leoncio Prado, que, a diario frente al busto de nuestro patrono, nos recordaba hasta la saciedad como debían ser los futuros líderes para salir exitosos de los problemas que afectarían nuestra larga vida. Amablemente me dirigí a los pasajeros y exclamé: “todos a dormir que mañana es otro día y se verá que se puede hacer”.

El hambre, la sed y el aburrimiento afectaban a todos los pasajeros; era mejor dormir para olvidar los pesares y en eso estaba cuando en mi sueño apareció el bullicio de una cafetería en que jóvenes uniformados se disputaban gaseosas bien heladas y panes tipo biscochos en los que cabía un huevo frito bien extendido, era la “Perlita”, el oasis del hambre o el palacio del gusto con sus manjares, donde los muchachos saciaban su ansioso hambre de adolescente inquieto. (Años después al visitar el colegio, triste fue no encontrarla). Pase saliva y el nudo que se formó en mi garganta fue atravesado por el recuerdo del sabor del pan con huevo. Un nuevo amanecer y el mensaje a los pasajeros es: “lo único que se puede hacer, es atravesar el rio con ayuda de “agiles pasadores” que en minutos se habían hecho expertos en estos avatares. En la otra orilla había vehículos prestos a llevar pasajeros por unos cuantos soles a la ciudad de Chiclayo. Una vez que logre cruzar, me acomode como podía en uno de ellos y el sueño nuevamente me venció, mis deseos de usar el baño eran urgentes, ¡una buena ducha! …en mis sueños apareció el malacate; cuando escuche por primera vez esta palabra me quede pensando en su significado; después le daríamos varios como: ducha, lugar de estudio, ring para demostrar la hombría o decidir quién manda, leer cartas de la amada en forma silenciosa o resolver algún examen pasado para que la competencia no se entere. Desperté con el sonar bullicioso de las bocinas de los autos, estábamos en la ciudad, un grupo grande de pasajeros llegaban conmigo sanos y salvos, agradecimientos y despedidas, cada uno por su cuenta nos fuimos alejando a buscar hotel y pasaje aéreo, era la única forma de llegar a Piura; el niño mañoso se había llevado varios kilómetros de carretera. Al día siguiente levantarse temprano era muy necesario para conseguir pasaje, dormí cual largo era, pensando en el sonar del toque misterioso de la corneta que durante tres años me había permitido ser puntual al levantarnos para evitar el castigo por morosito, el dato era que al primer sonido de la corneta debía estar de pie en el suelo. La figura gris de un militar apodado “Alianza” por su tez morena, con su uniforme beige y una corneta dorada bien brillante, se paraba en la cuadra de cadetes a las seis de la mañana y diariamente hacia sonar la diana, es mi recuerdo de ese reloj extraño que nos hacía despertar y saltar de la cama para iniciar el día.

Sentado en una banca de aquella placita provinciana trataba de pasar el tiempo hasta el día de mi partida, de un viaje que se hacía largo y tormentoso, por un niño mañoso. Mi vista se perdió en un edificio bastante maltratado y entre los nubarrones de mi recuerdo apareció la “Siberia” ¡Oh¡ que terror. Entrar en este recinto era la aventura que cualquier púber desearía para completar la historia semanal, nunca supe el motivo de su siniestra figura que alimento varias anécdotas de fantasía y miedo en donde se cobijaron los más selectos cabreados y valientes representantes de más de 60 promociones del colegio militar.

Un colegial que leía un libro de historia me trajo a la memoria, las aulas del colegio que conformaban un cuadrado académico con balcones protegiéndonos de la humedad invernal, las carpetas personales a veces eran blandos colchones para amortiguar lo más preciado del cadete “su divino sueño” y poder recuperar fuerzas para el día. La biblioteca guardaba grandes tesoros como la colección de la Revista Variedades que amenizo a la sociedad limeña en la década del 40. En los extremos del pabellón de aulas se encontraban los baños donde se continuaba la tertulia académica. Cerca de las aulas se encontraba la peluquería que tenía un significado trascendental como decir “castigo y salida” palabras que se conjugaban muy bien y de gran importancia para la sobrevivencia del cadete. Los peluqueros eran grandes maestros hacían con nuestros cabellos los peinados más geométricos siendo el más apreciado el de “la bacenica” o el de “poto de bebe” que significaba un “rape” completo.

Tenía que matar el tiempo hasta el día que hubiera cupo en el avión para llegar a mi destino, el cine era una gran alternativa, estando bien sentado en la butaca respectiva apareció en mi recuerdos el auditorio con su gran escudo del colegio militar, era el gran escenario de las veladas artísticas y culturales, estaba el resonar de nuestra orquesta con el maestro Blaker o la melodía de nuestro coro cantando “Malabrigo” que era premiado con el característico aplauso lenciopradino retumbando en el ambiente.

 Al salir del cine caía bien una butifarra en una gran cafetería del lugar, mientras comía llego a mi memoria nuestro comedor largo de un solo piso con sus mesas de madera y sillas pesadas que tomaban vida con sus platos, ollas y vasos, cómo no recordar esos frejoles con asado y su juguito revuelto con el arroz. Las maravillas acrobáticas que hacíamos en el primer año de cadete parar poder llevar la cuchara a nuestra boca sentados en posición de escuadra o cuando el jefe de mesa se ponía mentecato.

Por fin la partida a mi destino, estar en el avión y ver la fuerza de la naturaleza nos hace pensar cuan débiles somos, ciudades inundadas, tuberías rotas desaguando la inmundicia de una población que no se prepara para estas emergencias. Esa noche al dormir en casa sentí el bienestar de haber llegado sano y salvo y en mi sueño apareció Dulio Pogui el héroe juvenil que murió en un lio de nobleza y cortesía por una dama. El pabellón de cuadras del quinto año llevaba su nombre, las escaleras para bajar del segundo piso fueron testigo de las veloces carreras donde se batieron récords mundiales de velocidad cuando el cadete tenía que salir a formar y el oficial de día pedía sanción para los últimos.

El niño mañoso periódicamente hace sus travesuras en la costa norte de nuestro país dejando destrucción y abundante agua que se pierde en el desierto sediento, en esta oportunidad había traído a mi mente una torrente de recuerdos de esa formación juvenil y  ahí  la figura emblemática  del Pabellón Central con la bandera peruana flameando, que hasta el día de hoy luce desafiante al mar y cercana esta la pista central en donde forman diariamente  los cadetes para el saludo del inicio del día y para la despedida de este, con el toque de silencio y en donde la brisa marina y la humedad calan sus juveniles cuerpos,  aprendiendo que la disciplina moral y trabajo ejes de su formación escolar serán el soporte en el trascurrir de sus vidas y una palabra muy simple ¡Alto el pensamiento! será la identificación universal de ser lenciopradino.





Comentarios

Entradas más populares de este blog

INNOVADORES QUE CAMBIARON NUESTRA VIDA:

LA POLÍTICA Y LA FELICIDAD